La Dama De Las Camelias de Alejandro Dumas — By Aldana Muñoz

La edición original de la novela en dos volúmenes escrita por Alejandro Dumas hijo, cuando tenía 23 años, tuvo en 1848 un éxito extraordinario, al punto de aparecer de inmediato una segunda edición en Bruselas. En 1851 el escritor Julies Janin (1804-1 874) incluiría en ella un brillante prefacio.

La primera edición, corregida por el propio Dumas, llegará en 1852. Será reproducida en 23 ocasiones entre 1851 y 1898. En 1872 será corregida de nuevo y elevará a edición definitiva. El drama estrenado el 2 de febrero de 1852 consiguió asimismo un éxito sin precedentes.

El argumento de ambos con algunas variantes (sin acusado interés) se basa en el amor de un joven de buena familia, Armando Duval, por una cortesana de moda en París, Margarita Gautier (los retazos autobiográficos son pues evidentes). Arrastrada por una pasión esta vez sincera y profunda, Margarita siente la necesidad de aislar auténtico amor de Los continuas amantes de turno frecuentados por ella, con un deseo nuevo de sublimar sus sentimientos.

Dicho y hecho, se refugia en una casita de campo (en Bougival en la novela, en Auteil en el drama), donde su idilio consigue La auténtica plenitud del verdadero amor y le llenan la efímera felicidad. Aparece el padre de Armando y, aunque comprende la sinceridad de aquel amor, hace recapacitar en Margarita Que ella misma es un obstáculo para el porvenir de su joven amante. La heroína prostituta huye entonces.

En la línea de los folletines publicados en serie en los periódicos a los que los franceses, gracias a sus grandes autores del siglo XIX fueron tan aficionados, La Dama De Las Camelias se haya cabalgando entre un estilo pasional lírico todavía romántico y un realismo pintor de las costumbres de la época todavía no con la crudeza Y de forma tan descarnada como el naturalismo de Émile Zola. Al ser representada en la escena por primera vez, los tratadistas han hablado con toda justicia del nacimiento de la comedia costumbrista («comedia de moeurs»).

El Romanticismo había barrido la escena: unidades convencionales, estilo, todavía sido revolucionado. Pero no había fundado nada nuevo. Hecho que se comprobó cuando pasó de moda. La tragedia era imposible. El drama histórico no poseía una base firme. El drama puro se tornó melodrama.

El lugar que había dejado libre lo ocupo la comedia. El movimiento que observamos en el siglo XVIII, con la aparición de la comedia lacrimosa y el drama burgués, se vuelve a producir hacia 1850. Las novelas y comedias que escriben entonces Augier, Dumas hijo, Eugene Sué (1804-57) y tantos otros pueden considerarse auténticos dramas que encierran alguna tesis moral envuelta en una pintura, lo más exacta posible, de las costumbres contemporáneas, cuya auténtica fuente de inspiración así de la novela de Honoré de Balzac (1789-1850).

Sea como fuere, Margarita Gautier, «La Dama De Las Camelias», con su amor silencioso y su muerte patética que la redimía de cuántas faltas hubiera cometido, por grande que éstas fueran, alcanzó un dramatismo conmovedor que la hizo superior a cuántas heroínas románticas la habían precedido.

La Dama De Las Camelias revelaba un ambiente, el de la sociedad equivoca, en contacto con otra sociedad entonces prepotente, la burguesa, que con el reinado de Luis Felipe en Francia (1830-1848) y la época del Segundo Imperio (1851-1870) había alcanzado la culminación de sus aspiraciones iniciadas en la primera Revolución Francesa. Una burguesía que, cómo es la inglesa de la época victoriana, masomenos coetánea, (aunque con un período de vigencia más largo) aparentaba honestidad y un retorno a la decencia familiar, si bien con hipócrita apariencia.

Del drama de Dumas, el italiano Giuseppe Verdi (1813-1901) compuso la inmortal ópera de La Traviata (La mujer perdida), sobre el libreto de Francesco María Piave (1810-1876), qué fue estrenada en el teatro Fenice de Venecia en 1853. El gran compositor italiano confirió a La Dama De Las Camelias lo que le faltaba, porque, como dice Marcel Proust, cuando una obra dramática pulsa los sentimientos populares, necesita música».

— By Aldana Muñoz.

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