Poema by María Negroni

somos jóvenes

todavía no aprendimos
la voz de cantar

no sabemos
del pájaro enterrado
en la nuca

del pájaro

y aún así
nos suscitamos
y urdimos grandes alegrías
lo malo ante sus ojos
cuyas son estas cosas

y en ese mismo instante

nos salió el sol

nos ensanchó la boca
la desmesura

y fue como si hiciéramos
en todos los días para siempre
hijos desvalidos

huesos que arderían en la pira
de inútiles combates

algo
nos estaba desertando
y no supimos
qué era

a eso le llamamos
soledad

espesura
donde empieza
la travesía infundada

del desierto a la ermita
de la ermita al oasis

de lo impronunciable

algún conocimiento debe haber
mensajería alguna
que nos dé

en la noche arisca
un libro a comer

con un poco de suerte
se hace un idioma
en la boca

se vuelve equilibrista
la intuición que piensa

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