Tambores en mi Paraná by Alejandra Gauna

Rita Márquez  tenía   ocho años y poco sabia de juegos infantiles. Las cadenas recorrían su sangre, pero su latido y su  respirar, eran el   fervor por el  tambor. De contextura pequeña, con  ojos vivaces que se  profundizaban en un negro brillante, su cabellos motas cubrían su cabecita y sus gruesos labios enrojecidos cantaban al fogón de la noche. Huérfana traída desde Brasil, vivía  junto a otros afros en un reciento otorgado para la servidumbre. En algún momento donde su niñez oculta solía dibujar,  tomaba un trozo de piedra y dejaba  grabado sobre la tierra su arte, lo que soñaba, lo que su mirada de niña aún le permitía ver. Solía ir  a la Capilla Norte, siempre en  compañía de Anita, madre de Máximo Chaparro, su amigo.  Allí se encontraba con otros con su misma piel y rezaban a un dios que poco reconocían. Sólo algunas noches  la aventura se hacía viviente, al llegar al Barrio de  los Negros, las calles se desbordaban de ritmo y las caderas de la negras se balanceaban al sonar de los tamboriles, pipas, masacayas y el  canto en  quimbundo:  ¡Calungan güé! ¡Oye ya yumba!  ¡Yumba he!, se hacía coro en la voz de Rita. 

Las calles hoy  se visten de asfalto, las veredas de baldosas, los grandes edificios cubren el paisaje, y la Capilla Norte, desde 2019   se observa a simple vista.  Las paredes más antiguas son testigos de cadenas, de dolores y de indiferencia. El pasaje del Candombe, aguarda como los ojos de Rita, que la historia alguna vez  los muestre.

Fotografía Barrio del Tambór. Paraná. Entre Ríos

 La expresión ¡Calungan güé! ¡Oye ya yumba!  ¡Yumba he! se trata de términos de la lengua precolombina  “quimbundo”Vicente Rossi menciona en su libro “Cosas de Negros”.

El pasaje del Candombe proyecto de un  sitio histórico cultural patrimonial, plantea la apertura de una vinculación física entre las calles Buenos Aires y San Martín, en la manzana delimitada entre ambas por Gardel y Ecuador.

La Capilla Norte es el edificio más antiguo de la ciudad de Paraná, data desde 1822.

Rita Márquez y Máximo Chaparro, niños de 8 y 9 años respectivamente censados en el año 1824 según registros del censo poblacional de la ciudad de Paraná del año mencionado.

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