Selección de TH: poemas de Eduardo Bustamante

1.
 
Guardar el motivo de una sonrisa 
como un cofre en el que, ya abierto, 
los demás no verán más que polvo; 

Ha nacido un ave 
bajo el calor de nuestras palmas 
su latido es discreto, pero quién, dime 
conoce las circunstancias 
en que un vuelo alcanza su fulgor; 
¿la animarías a partir en dos el cielo 
o a suponer los límites de nuestro interior? 

Imágenes, no hay otra cosa que imágenes 
que el tiempo reducirá a su mínima expresión: 
excusas para asir la química 
y creer en la posibilidad 
de que aquella escena, el primer temblor 
de nuestros labios barriendo la distancia 
no se perdió al declinar la tarde


3. 

Podría escribir sin cuidado 
acumular palabras y apretar 
los párpados en la pretensión 
de jugar con el recuerdo y ver los tuyos, 
quedamente húmedos de sudor; 
trazar con detalles innecesarios 
una ruta, un plano, directrices, 
copiosa arquitectura del placer; 
no habría, al final, si me dejase llevar 
más que una mancha oscura, 
instantáneas mal reveladas 
como el rastro de una intención. 

Prefiero en tanto registrar 
tu risa como la inocencia recobrada —¿o jamás perdida?—; 
si volar alto exige la caída, ¿por qué no caer también juntos? 
y librar la carcajada como un temblor que ignora 
la sacudida de los nervios, el temido regreso 
a nuestras conciencias que, sin embargo, parece bello 
si puedo reducir todo mi mundo, solo un instante
a la contracción de tus cejas

6

Eras tú antes de mí, 
seré yo después de ti.
La historia: una mancha de humedad
que desde el centro modifica las superficies
nuestro pasado, nuestro futuro.
Pero es finita, en algún momento desaparece
o ya lo hará. 

Siempre hablaste de la desgracia 
que a toda relación sucede, y entendí
porque ciertas cosas no se pueden obviar
ni el disfraz de su naturaleza es efectivo

al amor vale arrancarle fulgor a pedazos
pero no sentarlo a la misma mesa
mantener a raya del lenguaje imposibles
que, a fin de cuentas, debilitan la ilusión

Te ríes de mi gusto por arruinarme los finales
de las películas, los libros, y quizá puedo
forzar una similitud;
qué importa saber el final si la magia
tiene la fuerza para resistir nuestros pasos

cuéntame, otra vez, sin palabras
el trayecto, nuestros cuerpos, el temblor.

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