¿Nuevo? Año by Darío Ossandón

Tuve un profesor que decía que el tiempo es cíclico. Para Darío Oses, mi profesor de Mitología Comparada, las estructuras temporales que utilizamos para medir nuestra existencia eran “cosas” de las que uno puede prescindir sin problemas. No era raro que un hombre que siempre parecía estar disconforme con las convenciones sociales, como por ejemplo, el querer bañarse, casarse o contestar una prueba de manera correcta le resultara siempre motivo de duda y sospecha los eternos rituales. A pesar que siempre se presentaba a todas clases bañado y llevaba años de matrimonio le gustaba plantear esas inquietudes en todos nosotros, en sus alumnos. 

En Internet, donde todo es visible, se leen post que explican y alientan a que no es necesario esperar al “fin de semana” para relajarnos con varias latas de cerveza. Soplar las velitas cada año no nos hace más sabios, de la misma manera, esto se aplicaría a todos los rituales que abundan cada año: el famosísimo calzón amarillo, esperar la medianoche bajo la mesa, con el fin de encamarse el año venidero, salir corriendo alrededor de tu cuadra, maletas en mano, para asegurar un año lleno de viajes. Un centenar de actos que se realizan a conveniencia, de paso, la espera a que el reloj marque las doce para descorchar el espumante y así dar muerte al año vivido y acoger el nuevo año, gracias a mi profesor, me resulta un motivo de sospecha. Y este pensamiento se ha potenciado, debido a que este último tiempo ha transcurrido de manera diferente, quizá independiente y porfiada a lo que nosotros acostumbramos y con tanto afán controlamos. 

Para el 2021 una amiga me comentaba que le era imposible concebir que habían pasado tanto tiempo desde aquel Octubre del 2019. No la culpo, ese mes dio inicio a una temporada que parecía interminable: Revuelta social en Chile, Covid, confinamiento, la ultraderecha pisando nuestros talones, desapariciones, asesinatos, desempleo, un presidente que de apoco se iba disolviendo en la autohumillación, la victoria de una nueva constitución… la lista es (Y sigue siendo) larga, por lo que continuó así el 2020 y un 2021 con olor, estampa y esencia a 2019. Parecía que los abrazos de ese año nuevo (2021) no habían mellado en nuestra percepción de cómo estaban las cosas, no hubo renovación, ¿Qué ritual serviría si íbamos a estar encerrados bajo cuatro paredes alejados de todo y de todos? y a su vez intentando vivir la vida como si nada hubiese pasado y como si todo ocurriera de forma simultánea. 

Y es que el final de este 2021 en esa serie que muchos en Twitter llamaron “Chile” acabó con unas presidenciales que nos tuvieron agarrados de las mechas. Un candidato nazi, pretendía retroceder en el tiempo y llevarnos desde su fascista mano hasta la edad medieval, eliminando las pocas victorias que puede tener una sociedad como las que habitamos Sudamérica. Ante el temor la gente unió fuerzas en redes sociales y a punta de memes realizaron una campaña para el candidato contrario, un veterano de las movilizaciones estudiantiles del 2006, que tampoco era el favorito pero ante la llegada del hijo de un soldado nazi, eran los memes o morir en una dictadura que prometía una caza de brujas como en la inquisición, o algo que el fascista ya conociera como la dictadura militar vivida en Chile en los setenta y ochentas. Fue extraño intenso, pero sobre todo, extraño, hasta los más anarquistas salieron a votar y ganó, y se celebró como no se celebraba hacía mucho; por fin algo parecía cerra, tan solo un poco. Así pasamos de un 2019 eterno a un 2022 que, cojeando, pareciera avanzar a pasos escasos, titubeantes si se quiere. 

Un proceso extraño del tiempo. Parecía que se cumplía la profecía implícita de mi profesor, el tiempo se mueve de manera constante e independiente a nuestros hitos, marcas y señaléticas. Esto quizá puede significar que nuestros procesos, de manera individual y colectiva, no se dan de acuerdo a convencionalismo, sino que lo necesario para avanzar, como individuos, seres humanos, entes sentimentales, que necesitan sanar. Una lección acerca de nuestros ciclos y procesos los qué tal vez, necesitan una mirada y una remodelación como muchas de las cosas que están cambiando en estos tiempos. Puede que hable desde la exageración, pero no creo que nadie se escandalice por estos dichos. 

La invitación está hecha para todos: romper nuestros esquemas, solo un poco, como un caramelo que devoramos a mitad de la dieta. ¿Quién dice que no podemos beber un día lunes? ¿nuestras autoridades? ¿Los altos mandos? Qué lo hablen con el tiempo, a ver como les va. 

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