Poetas chilenas: Delia Domínguez

Nacida en Osorno el 11 de agosto de 1931. Huérfana de madre con solo cinco años, debió estudiar en un internado religioso en el cual fue tratada como una paria ante las reglas del lugar, lo que la llevó, eventualmente, a tener una relación con la literatura. Entre sus lecturas se topó con un concurso de poesía en una revista que la inspiró a participar, así el fuego poético de los solitarios le fue otorgado, como a muchos otros en la historia cuyo refugio son los pasajes de la escritura.

Ha publicado decenas de libros, entre estos se encuentran: Simbólico retorno, La gallina castellana y otros huevos, El sol mira para atrás, Huevos revueltos. Este último la llevó a las finales del Premio Altazor de poesía 2001.

Autorretrato

Soy como los animales:
presiento la desgracia en el aire
y no duermo sobre arenas movedizas.
Arriba siempre el viento
-desde el tiempo de los pañales mojados-
raspando la solidez de los cartílagos
mientras alguien
con mano sosegada escribe en mi cuaderno
cortas palabras de tristeza.

Soy como los animales:
sé pisar en la oscuridad, y
desde el fin del mundo,
podría volver con los ojos vendados
a mi vieja casa en las colinas.

Los años cortan
agazapados por dentro,
pero se desvanece el miedo a estas alturas
y una opalina
filtra su luz en el salón del piano
donde danzan mis muertos con su sombra.

Soy como los animales de narices mojadas:
olfateo en el cielo
la carga de la tormenta eléctrica
y desconfío de pasos que no conozco.

Soy como los animales:
siento que empiezo la vuelta a mi tierra de origen...

¡Cristo sabrá por qué!
El sol mira atrás

Soy como los animales:
presiento la desgracia en el aire
y no duermo sobre arenas movedizas.
Arriba siempre el viento
-desde el tiempo de los pañales mojados-
raspando la solidez de los cartílagos
mientras alguien
con mano sosegada escribe en mi cuaderno
cortas palabras de tristeza.

Soy como los animales:
sé pisar en la oscuridad, y
desde el fin del mundo,
podría volver con los ojos vendados
a mi vieja casa en las colinas.

Los años cortan
agazapados por dentro,
pero se desvanece el miedo a estas alturas
y una opalina
filtra su luz en el salón del piano
donde danzan mis muertos con su sombra.

Soy como los animales de narices mojadas:
olfateo en el cielo
la carga de la tormenta eléctrica
y desconfío de pasos que no conozco.

Soy como los animales:
siento que empiezo la vuelta a mi tierra de origen...

¡Cristo sabrá por qué!
Nocturno con los pies helados

Tengo los pies helados
y nadie va a llegar con calcetines de lana
a hacerme compañía
porque ayer me cruzó la lechuza
de sur a norte en el camino
y sobrevoló hasta la medianoche
-como buen pájaro agorero-
a dos metros de la camioneta roja
donde traía los víveres del pueblo.
Tengo los pies helados
y corrieron por ahí
que desertaste por un canto de sirena.
Papel de antecedentes

Yo católica                    mestiza
minimalista y campesina.

Yo perrera y caballera                    de ombligo amarrado a
la telúrica                    madrecita tierna de
nunca acabar.

Yo de sesenta para arriba y para abajo
mes  de corrido los Diez Mandamientos,
El Ojo (o-j-o)                    y la Pastoral de L. van Beethoven.

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