1964 by Irma Verolín

                                       

Mi bisabuela ciega  

me pide que les escriba una carta

a nuestros parientes que están lejos.

Con mi letra chueca  

llena de faltas de ortografía

escribo al dictado.

La voz

su plena voz

se extiende

por la gran casa donde vivimos

y amplía el tamaño de mis letras,

su voz triste

un poco espesa

su voz de mujer vieja

tuerce mi mano

la empuja hacia delante

mientras los renglones grises

se estiran

y se entibian.

Nos encontramos bien de salud

recita su voz: mi mano obedece

sobre la hoja

sobre la mesa en que apoyé la hoja

sobre la madera oscura del comedor

sobre esta tierra

              que mis  pies oscilantes no logran rozar

en este mundo,

la mano

mi mano sabe seguir a la voz

que silabea

me acuna

me aplaca.

El tiempo apagó la ventana: 

yo también estoy ciega, abuela,

iluminada solamente

por el resplandor  inagotable de la hoja.

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