Poetas chilenas: Nadia Prado

Nacida en Santiago (Chile) el 5 de Julio de 1966. Es licenciada en filosofía en la universidad Arcis y Doctora en en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Chile. Siendo autor a de Simples placeres (1992), Carnal (1998), Job (2004), tambien ha sido parte de varias antologías dentro de las que se encuentran Antología de poesía latinoamericana del siglo XXI: El turno y la transición (1997), Antología de poetas chilenas. Confiscación y Silencio (1998) y Cuerpo Plural (2010). Los siguientes poemas vienen de su poemario Jaramagos (2016).

..

El puente en el vacío ha llamado a los pasos
el agua arrulla nuestros ojos
aún sobre el puente y la pregunta
extendida al otro lado de la colina
ante el barranco mi madre hace llegar a los oídos 
un cuento sobre la creación de las estrellas 
¿cuántos habrán nacido en el miedo?
los cuerpos que no quisieron hundirse
la sangre no ha rociado el agua
las estrellas sangran y dicen
las puntas ruedan sobre el agua pero las carnes les impide
el ojo como el pez cazador
sopla el viento que lo va a rozar
la brisa no es el viento sobre las cosas
es algo que mueve el vacío

..

no se puede volver sobre el sendero
la docilidad de los ojos se ha ido 
la tierra despojó los pasos
apenas se sintió un deseo lejano al que nada podía abrir camino
aunque pareciera ignorarme la tierra con sus lamparas enormes
no hay fruto
nunca di fruto pero uno amé 
el instinto y las cosas no se bastan 
cuando intento volver el tiempo se ha ido

..

una que soy se queda esta vez
esta voz, hermana, se queda aquí
como esas plantas entre los escombros
allí ha crecido y crece una hierba silvestre 
me atora y llaga la garganta cuando se mete en la boca 
estas cárceles humanas dicen tanto y sordo el miedo desbroza sus ojos
las caderas bailan en la algarabía deforme del festejo 
una que soy se queda esta vez

..

que vacía de su rostro
un desierto
que de no haber muerto cinco años atrás
jamás volvería
un haiku es un poema pequeño le digo a mi madre
y leo para ella

fui por la noche a arropar
a mis hijos dormidos,
y oí las olas del mar.

desata su pelo y recuerdo
me encaminó a la paz y a la furia
al muro de sal sin dejar de mirarme 
cuando me di cuenta enlazada a su mano 
sin miedo ya estaba en el agua
volví la vista a sus ojos
sonrió antes de decir
“es como una página de los libros que te gustan”
salgo del mar
cuarenta años después
y leo para ella

Revolotean 
en la mañana azul
las gaviotas, luego, planean.

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