A quien corresponda PARTE 1 by Marcos Alegría

A quien corresponda. Que en vida encuentres la forma de perdonarme.

Lamento que seas tú, desconocido lector, quien deba sufrir y pagar las consecuencias de mi propia ignorancia. Los horizontes a los que me he enfrentado antes de escribir esta carta, siendo yo joven y sin criterio suficiente como para discernir entre lo asombroso y lo completamente indeseable que se desplegaba ante mí, fueron puertas a horrores de magnitudes inabarcables e infernales forjas de la mácula insalvable de tu condena.

Que sepas mi nombre no es peligro para el curso de los acontecimientos venideros, pues tu destino se ha cerrado –lo he cerrado– desde antes de ambos tener el infortunio de nacer. Tarde he comprendido que hay filamentos en el tejido del universo que pueden ser torcidos con la fórmula adecuada y retorcidos con otra de la misma oscura naturaleza. Mi nombre es Pedro Aedo, y si tuvieses tiempo para investigar, darías con mi perfil como funcionario en la biblioteca de la Universidad Axis Mundi. Podrías averiguar que fue fundada en mil novecientos cincuenta y cinco, por el arquitecto italiano Pietro Condannato, en la entonces nueva comuna de Lo Calvario, zona suroriente de Santiago. Y luego de ello probablemente darías con la extraña noticia de cambios repentinos y extravagantes en la estructura de la antigua edificación que hace de casa central, sumados a la inexplicable desaparición de un joven bibliotecario.

Corro el riesgo de causarte repulsión al confesarme de esta forma tan fría y distante, pero espero que mientras leas tengas tiempo de comprender aunque sea una mínima parte de mis decisiones. No puedo ya cambiar lo que se viene para ti. Morirás. Tras terminar de leer esta misiva, morirás. Aunque la dejes a medias, morirás. Aunque la rompas, morirás, pues en el momento en que fijaste tus ojos en la tinta y papel que sostienes frente a ti, diste la última vuelta al engranaje de una maquinaria maldita. Por esto te pido que te des el tiempo de llegar hasta el final de las últimas palabras con las que tendrás contacto, con la esperanza de que halles solaz en mi intento por redimir, por unos momentos, lo despreciable. 

Llegué a la biblioteca de la universidad como practicante de bibliotecología y archivística.  Luego de terminado el proceso, el puesto me fue ofrecido por la administración. La soledad que encontré en las frías estanterías de oscura madera dio cobijo a una tendencia al retiro que me acompañó desde niño, al mismo tiempo que veló todo lo que mantenía alejado al resto del personal del lugar. Mi trabajo consistía en organizar y catalogar carpetas, folios, libros y planos, todos ellos documentos que llegaron con el fundador de la universidad y que descansaban, luego de su misteriosa muerte, junto al polvo en un salón ubicado en el segundo subterráneo de la casa central de la universidad. La humedad embriagante y el silencio subterráneo fueron poco a poco ganando espacio en mi juvenil y despreocupada mente, que, desentendida de asuntos ajenos a los documentos que competían a mi labor, entraba sin tapujos en los espacios y lugares creados por la imaginación de Pietro. La taxonomía de su obra pasó a ser parte de mí a tal punto que extrañaba puertas o intentaba apoyar mi peso en pilares que nunca habían llegado a existir. Fue así que, tras dar un giro equivocado para evitar chocar con lo que pensé que era una pared, di con la compilación maligna, el empaste de planos imposibles, el aquelarre de formas que burlan la forma, de proyecciones inverosímiles e ideas terrenalmente irrealizables, allí, sin polvo y extraño en comparación a los demás documentos del salón. En un inicio pensé que era el cuaderno de ejercicios de un Pietro joven y estudiante, simples vuelos de la imaginación de alguien que entra extasiado en un nuevo campo de conocimiento y tiene energía para derrochar en juegos y ejercicios banales. La forma aleatoria en que se organizaban los planos, con páginas en blanco o usando solo una parte de ellas, como si la misma hoja fuese una primera capa o ventana irregular al dibujo en sus profundidades, fueron algunas de las razones que me llevaron a pensar en esa hipótesis inocente. La extrañeza del texto contradecía todo lo que le rodeaba. Pietro Condannato, un hombre conocido por su sombría forma y hablar nervioso, fue aún más conocido por su pulcritud llevada a niveles molestos, llegando a ser descrito incluso como un animal doméstico que, liberado de un pequeño cautiverio, se mueve en su nuevo y espacioso hogar respetando la fantasmal presencia de su antigua morada. 

Pero no siempre fue así. Pietro llegó a Chile en 1931, fuera de todos sus planes. Originalmente estos indicaban una larga permanencia -si no perpetua- en Estados Unidos, donde pasó una relativamente tranquila temporada de aprendizaje y trabajo en Nueva Inglaterra, territorio en el que llegó a ser conocido por su carácter hogareño y profundo interés en las antiguas construcciones diseminadas por la región. No esperó nunca encontrar lo que encontró, a pesar de que intuía de forma inocente la posibilidad de innovar en la forma en que el ser humano habita el universo y los espacios que en este crea. Llamó la atención, también, por un estilo arquitectónico que no recordaba para nada su herencia renacentista italiana, sino explorador exótico y no siempre práctico. Al preguntársele por la razón de ser de los espacios desmesurados o ángulos confusos en sus propuestas, respondía siempre con una sonrisa y de forma críptica, haciendo referencia a las limitaciones de puertas y ventanas, o a cómo los límites calculados de un ambiente cerrado pueden alterar mucho más que la percepción. Aun así, a pesar de la excentricidad de su comportamiento, la cordialidad y buen trato lo mantuvo como un ciudadano respetado e incluso admirado, y fue de esta forma que entró en el mapa de Pietro la que sería su aprendiz, asistente, esposa y luego pliego de abominables alteraciones, Giordana Perso, con quien compartes el mismo abominable destino. 

No sabes el dolor que siento al hacerte cómplice de mi juicio extraviado, pero la visión de los horizontes que me esperan cubre la podredumbre de mi ambición. Es la culpa la que me lleva a hacer del azar el mecanismo que seleccione mi primer paso en esta nueva etapa de mi condenada existencia. Giordana tuvo tiempo para ver que el cosmos perdería su orden natural y que Pietro se transformaría en un despreciable demiurgo de pesadillas, heredero y lacayo de fuerzas con una medida y maldad incomprensibles, pero la admiración y el amor de la joven cegó por completo sus ojos ante el abismo que se abría delante de ella. Tú, por el contrario, tienes solo esta horrible y honesta carta. 

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s