Cena familiar by Verónica Boletta

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Amparo Gómez Soler busca papeles en su escritorio. Farfulla mientras lo hace. Mira a través de la ventana. Contempla el jardín de su casa señorial. Unos finos copos de nieve caen silenciosos. Cubren el césped. Una chispa enciende sus ojos acuosos. Viene a su memoria el título de un film inspirador, Muerte en Invierno.

Finalmente da con un cuaderno de tapa dura, una reliquia familiar acrecentada por generaciones: el álbum de recetas. Lee velozmente hasta dar con dos o tres de ellas, las necesarias para urdir su plan.

Hoy es día de fiesta. Las puertas de la mansión se abrirán, generosas, para recibir a esos zánganos, a los parásitos llamados familia, piensa Amparo con desdén. Desde la muerte de su marido ha dispuesto del negocio heredado con riendas de acero. Pobrecillo Manuel, tan suave, tan dulce, tan in-ca-paz de darse cuenta de nada. Ahora descansa. Colaboré un poco para su alivio definitivo. Lo achacaban algunas enfermedades, el reuma iba agarrotando su cuerpo. Mi acción debiera ser premiada. Lo liberé de su cuerpo. No fue asesinato. No, señor. Un tropezón fue una caída… mortal. El hilo de nylon tensado en uno de los escalones superiores fue suficiente para lanzarle escalera abajo. Moriste desnucado, sin sufrimiento. ¡Bendita Agatha Christie y sus ideas!

Nuestros hijos no han heredado un ápice de nuestra voluntad de acero. No son capaces de esforzarse sin refunfuñar. ¿Qué saben ellos de sacrificio? Me duele. Nuestro ejemplo no ha servido de nada. Tuvimos cuatro alcornoques. ¡Qué magra resulta nuestra cosecha! Y los muy tunantes han sembrado. ¿Qué decir de nuestro nietos, Manuel? Compiten entre ellos para alzarse con el trofeo El más perezoso. Hoy le pondré el punto final. Vendrán sobre la hora, muy confiados, con las manos vacías y sus sonrisas vacuas, al festín. ¡Vaya sorpresa se llevarán!  Nuevamente me he inspirado en una novela de policial negro. Tengo el veneno para ratas. Sólo debo escoger la receta apropiada para disimular su sabor.

Amparo ha concedido el día libre al personal. Se afana en la cocina con sus manos hábiles. Nadie hornea como ella. Hasta sus nueras la alaban, y eso que apenas la toleran. El menú consta de varios platillos. Se asegura diferentes dosis. Aunque los conoce. Ejercen todos los pecados capitales con particular ahínco en la gula, en especial si ella paga la cuenta.

Suena el timbre. La puntualidad la asombra. Abre la puerta y les franquea el paso. ¡Qué extraño! Han llegado todos juntos, como si estuvieran tramando algo. Han traído varios paquetes. Todos se dirigen a la cocina. No puedo creerlo. Afortunadamente coloqué veneno en los licores.

Luis, el mayor de sus hijos, abre los paquetes. Mónica, su esposa, dispone los alimentos en fuentes. Jorge, el pequeño, descorcha una botella de vino; sirve las copas. Pedro, el del medio, propone un brindis.

—¡A tu salud, Madre! —y bebe un sorbo. Los demás lo imitan. Amparo bebe, feliz por un momento, olvidados sus planes. Es el centro de la escena. Todos la miran. Eso llama su atención. Todos la miran expectantes. Esperan algo. Su garganta se cierra. Le falta el aire. Se sofoca. Es consciente de su muerte. La rodean mientras beben. Luis controla su reloj.

—No durará más de tres minutos —informa al resto—; comencemos nuestra cena.

Se marchan. La abandonan en su agonía. No eran tan tontos, Manuel.

2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Verónica dice:

    Reblogueó esto en Web de Vero B y comentado:
    En las cenas familiares ocurren cosas:

    Le gusta a 1 persona

  2. Paloma dice:

    Entretenido, breve, preciso!

    Le gusta a 1 persona

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