Algo que tiene que ver con lo narrativo by Darío Ossandón

Cuando uno se dedica  a la escritura tiene presente muchas cosas (no se nos vaya a quedar algo en el tintero) con respecto a estructuras, y todo tipo de armas que uno tiene para afrontar una historia. 

Comúnmente lo primero que a uno le enseñan es que tiene que aprender el viaje del héroe, y sentirse identificado con cada una de las etapas y caer en la cuenta que, en realidad, uno igual pasa por viajes que bien funcionan dentro de una narrativa. 

Y con respeto a los arquetipos es un poco lo mismo en la historia personal de cada uno. Y uno comienza por darle arquetipos a familiares, amigos, conocidos; un ejercicio que no tiene desperdicio.

Un aspecto del viaje del héroe que me ha resonado mucho tiene que ver con la recompensa. El héroe se enfrenta al temor, la amenaza, se sumerge en esta hasta hacerse uno con ella y a vence, obtiene una recompensa que en muchas ocasiones (y como suele llamarse)  es una “armadura nueva” algo que lo hace acreedor de un nuevo nivel y por lo tanto digno de continuar o de una nueva aventura. Trato de encontrar esto en todo lo que veo/leo. Me gusta cuando la recompensa es un traje nuevo, algún adorno, un bolso, el personaje cambia de color su cabello, obtiene un gesto que antes no existía en su personalidad, etc. Mientras más pequeño, más me gusta. 

Le hablé de todo esto al sujeto que me estaba tatuando antes de ayer. Hablamos por casi seis horas seguidas, en parte para ayudar a disimular algunos dolores propios del proceso. Entonces le conté que este año cumplo treinta y qué, despertando un día me encontré aburrido y decidí tatuarme por primera vez en toda mi existencia. No pude evitar hacer el paralelo con lo que he estado barbullando en estos párrafos. Quizá una parte de mi, se miró fijamente y me advirtió que no sobreviviría a la treintena sin la armadura adecuada. No he parado de pensar en eso y en el personaje de cómics que ahora habita en mi brazo derecho y que me acompañará desde aquí en adelante. 

Como se me ha hecho costumbre cada vez que escribo estas reflexiones me gusta preguntarme cuantos por ahí habitan con sus nuevas armaduras, o cuántos están en el proceso de conseguirlas. Han sido tiempos en que no hemos tenido ni tregua, ni opción. Nos hemos sumergidos en el miedo como una bolsa de té, y eso es verdad, en redes sociales se lee la batalla de prácticamente todos. Un sin fin de armaduras.

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